Cómo influye el estrés en el rendimiento cognitivo (y cómo aprovecharlo)

El estrés, como sabemos por experiencia, puede afectar el rendimiento cognitivo de diversos modos,desde una pequeña interferencia sobre la atención o el aprendizaje en caso de una simple preocupación; hasta la perturbación por recuerdos y pensamientos negativos que impiden prácticamente el desarrollo de ninguna tarea, en el caso de una experiencia altamente estresante o traumática. La cantidad de funciones cognitivas que pueden verse afectadas por el estrés es importante: atención,aprendizaje,memoria,toma de decisiones y razonamiento. La intensidad del estrés y las diferencias individuales, determinan en qué grado influirá el estrés en la respuesta de cada función.
Para entender cómo actúa el mecanismo del estrés debemos tener en cuenta que tanto éste como la función cognitiva, responsable del procesamiento de toda la información que llega a nuestro cerebro, son mecanismos fisológicos que han evolucionado como consecuencia de un proceso de adaptación humana a situaciones complejas. Es decir, que garantizan nuestra supervivencia.Conocer cómo el estrés influye en las capacidades cognitivas, ayuda a conocer los correlatos neurobiológicos de las operaciones básicas que intervienen en el procesamiento de la información y en la respuesta; así como puede ser la base para desarrollar programas educativos de mejora del rendimiento en los alumnos.
En primer lugar, hay casos en los que las funciones cognitivas no se ven afectadas por el estrés, sino que mejoran. Esto depende de las características del estrés y del tipo de función cognitiva concreta. Por ejemplo,
el estrés es en sí mismo un potenciador de la memoria: el cerebro necesita recordar lo que fue peligroso o estresante para ajustar su respuesta en el futuro.Por eso algo que nos estresó o preocupó mucho lo recordamos durante mucho tiempo, incluso años.Fisiológicamente, el estrés eleva los niveles de adrenalina y los glucocorticoides. Al sentir miedo, peligro e indecisión, estas hormonas activan
la energía
que nos prepara para escapar o luchar. Pero lo cierto es que estamos en una sociedad en la que no necesitamos una
respuesta fisiológica para sobrevivir. Los problemas no se
resuelven saliendo corriendo de un examen.
Entonces,cuando el cerebro recibe la señal de estrés, los
glucocorticoides actúan en las vías nerviosas encargadas del
aprendizaje
para reforzarlas en sus mecanismos de plasticidad neural,potenciar las conexiones y memorizar la situación estresante.
Por otro lado, la denominada ley de Yerkes-Dodson, formulada en 1908, sostiene que la relación entre la
intensidad del estrés y la memoria
sigue una función en forma de U
invertida
; es decir, tanto los niveles bajos como los niveles altos de
estrés deterioran la memoria, mientras que los niveles intermedios la
facilitan.Recientemente se han presentado datos experimentales que confirman la existencia de
una relación en forma de U invertida en la interacción entre intensidad
del estrés y rendimiento en tareas “con esfuerzo o difíciles”. Se trata
de un estudio realizado en ratas que demuestra el espectro total de
efectos en U invertida, por primera vez, bajo las mismas condiciones
experimentales. El estudio se realizó utilizando una tarea de
aprendizaje dependiente del hipocampo
, el laberinto de agua de brazos
radiales (Salehi y cols., 2010: si un ratón ha de orientarse
en una piscina para encontrar una plataforma escondida y poder salir, y
la temperatura del agua es intermedia, unos 19 grados, su sistema
fisiológico se activa más y aprenderá mejor que si el agua está a unos
placenteros 30 grados o a unos insufribles 16 grados.
Estos autores también demostraron un efecto relevante para el contexto educativo: cuando se aumentó el entrenamiento de los animales,
desaparecieron finalmente las diferencias debidas a las variaciones del
nivel de estrés. Estas observaciones,indican que el aprendizaje
inicial se ve influido por el nivel de estrés y que el aumento de las
sesiones de entrenamiento puede compensar las diferencias en el
rendimiento inicial
.
Como apuntábamos antes, las diferencias individuales juegan un papel importante en la forma en que se afectan las capacidades cognitivas de una persona cuando se expone al estrés.Entre otros factores, como la experiencia previa, el grado de preocupación o de ansiedad que individualmente experimenta cada sujeto ante cualquier alteración, también interfiere en el aprendizaje.Cada ser humano tiene una reacción determinada al estrés, y si la conoce, puede
manejarla. Hay quien expresa una respuesta más ajustada cuando le
aprietan y quien se bloquea precisamente si le aprietan.Conviene por lo tanto conocer esta variable (grado de neuroticismo, unos de los rasgos de personalidad, según Hans Eysenck) en la interacción educativa con el alumno.
El estrés también hemos mencionado que parece tener efectos distintos dependiendo del tipo de
proceso cognitivo en juego
, por ejemplo distinguiremos entre memoria ‘explícita‘ o ‘declarativa‘ (memoria relacionada con hechos y episodios) e ‘implícita‘ o ‘no declarativa‘ (memoria que se expresa por medio de la ejecución o el
rendimiento, como el aprendizaje de destrezas y hábitos).Se ha demostrado que la exposición al estrés poco antes de entrenar a personas en tareas de memoria implícita induce una mejora del rendimiento.Por contra,en relación con los recuerdos de memorias explícitas,
hay datos sólidos que indican que el estrés y los glucocorticoides,
cuando se administran poco antes de la prueba de recuperación de
información, reducen la evocación de recuerdos.
Finalmente, varios trabajos experimentales concluyen que el estrés, tanto agudo como crónico, tiene un importante efecto sobre las funciones ejecutivas de la corteza prefrontal (como comentamos en un post anterior, las funciones ejecutivas son las que ponen en marcha, organizan, integran y manejan otras funciones), con el mismo patrón en U invertida: facilitación de las funciones ejecutivas en condiciones de estrés
moderado, pero deterioro de las mismas en caso de niveles elevados o mantenidos de
estrés.
Algunos estudios que han evaluado, tanto
conductualmente como a nivel neurofisiológico, las respuestas de
estudiantes sometidos al estrés crónico asociado con periodos de
exámenes particularmente estresantes, han observado un
cambio importante en las estrategias de toma de decisiones: en lugar de
decidir en función de determinados objetivos, como ocurre en los
individuos no sometidos a estrés, los estudiantes evaluados en periodos
de exámenes actúan en mayor medida de forma automática, respondiendo con
hábitos formados (Soares y cols., 2012).

En resumen, el estrés leve facilita las funciones cognitivas, sobretodo en casos de tareas cuya carga cognitiva
no es excesiva. Los efectos de un estrés elevado o mantenido dependen
fundamentalmente del proceso cognitivo en juego, siendo habitual
observar problemas en tareas de memoria explícita y en tareas que
requieren un razonamiento complejo y flexible y, por el contrario, una
mejora en tareas de memoria implícita, recuerdos declarativos simples y
tareas bien ensayadas.
En el contexto educativo, los procesos cognitivos más relevantes para desarrollar con éxito las tareas
académicas son los asociados a las memorias de tipo explícito, memoria
de trabajo y funciones ejecutivas.Como hemos visto, todas estas funciones se ven afectadas por los niveles
progresivos de estrés siguiendo una U invertida. Una conclusión lógica
sería la aplicación de programas encaminados a reducir
las respuestas de estrés
para tratar dificultades de alumnos con con alta reactividad al estrés (bien generado en el aula o
provocado por situaciones externas, por ejemplo en la familia o los
amigos) y, por el contrario, estrategias de ‘estrés motivacional
(centradas en incrementar el estrés presente o previsto) a aquellos alumnos con respuestas de estrés demasiado bajo y que normalmente no
muestran interés por aprender.Es decir, mantener un nivel de estrés moderado y acorde con las diferencias individuales y con los sistemas cognitivos específicos.

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