Educando la inteligencia emocional…y crítica

Os propongo reflexionar sobre este video que me envía un amigo, se trata de una conferencia de Emilio Duró, reputado consultor y formador que tras su paso por grandes empresas y algunos postgrados, ha dedicado los últimos 20 años de su vida a estudiar la importancia de las emociones positivas y la actitud en el aprendizaje, el trabajo y la vida, lo que él llama el “coeficiente de optimismo”, y a divulgar sus conclusiones en seminarios de empresa.
Y eso que
 la que suscribe, trabajando durante años en varias multinacionales (no daré más detalles por pudor y sincera modestia) se declara escéptica de los seminarios y “cursos de formación” en “Liderazgo”,”Motivación”,”Desarrollo de equipos”…Además que llega un momento en que todos son lo mismo. No os podéis imaginar la cantidad de ellos que he visto cerrar con “Hoy puede ser un gran día”(Serrat) y no digamos con “Can you feel it”(M.Jackson).
No obstante, creo que de esta conferencia en concreto se pueden extraer valiosas reflexiones para el tema que nos ocupa: la educación para el éxito de nuestros hijos.Es cierto que Emilio al menos hace lo que predica: pone pasión en su discurso. Y con tal pasión nos explica los ejes principales de su ponencia:

  • Tenemos tres zonas en el cerebro: el cerebro reptiliano o instintivo, el cerebro límbico o emocional y el córtex o cerebro racional.
  • El cerebro reptiliano y la genética nos han preparado evolutivamente para sobrevivir. Y esas respuestas determinadas para la pura supervivencia, que eran adaptativas y exitosas cuando la esperanza de vida era tan corta que primaba sobre todo tener tiempo para una reproducción eficaz, no nos sirven en el momento actual, en que la esperanza de vida humana se ha alargado espectacularmente en muy poco tiempo.
  • Tampoco el cerebro racional nos sirve del todo para el éxito, porque con él no llegamos a comprender por qué unas personas hagan lo que hagan les va bien en la vida y otras,hagan lo que hagan,fracasan.Con esto aprendemos una tendencia a negar las evidencias y echar la culpa de lo que nos sucede al entorno o a “la suerte”. (El otro tiene suerte y yo no, al otro le acompañan las circunstancias y a mí no).
  • Sucede que no tenemos desarrollado y educado el “cerebro límbico”, o la competencia emocional. El ponente sostiene que los niños aprenden mejor cuando son queridos por el que les enseña (el maestro), cuando tenemos altas expectativas (emociones positivas) en torno a ellos.Los adultos vivimos mejor si aplicamos emociones positivas a nuestro trabajo, si ponemos pasión en él, si nos ocupamos de definir lo que queremos y ejercitar cuerpo y mente constantemente para conseguirlo.
  • Los hechos no son una verdad absoluta, sino que varían en función de cómo los percibimos. La mente ve lo que quiere ver.Si aún siendo realistas en la percepción de nuestras capacidades, ponemos entusiasmo en dar lo mejor de nosotros mismos, rendiremos por encima de un 65% más.
  • En los colegios no se enseña a los niños en el amor a lo que hacen, en el entusiasmo, en que de todo lo que me pasa puedo aprender, en que durante toda la vida es conveniente leer y estudiar permanentemente para ejercitar al máximo nuestras capacidades.

Por supuesto que las tesis de Emilio tienen sus matices y con ellas podremos también ejercitar otra gran asignatura pendiente en la enseñanza: la capacidad de crítica constructiva. Es fundamental que a los niños y sobre todo a los adolescentes, más aún en esta era donde abunda la información inmediata y universal, se les enseñe a dudar, a criticar y a rebatir cuanta información obtengan.
Predicando con el ejemplo: lo primero que hice cuando vi la conferencia, es buscar información sobre el ponente (al principio de página he enlazado a un resumen de la misma). Fitrando vasrias páginas, llegué a dos post en sendos blogs, el primero de ellos, de Jano (Alejandro González), interesante por el resumen y conclusiones que hace de la ponencia (lo que aporta un punto de vista quizás distinto al nuestro,también es muy importante valorar aportaciones ajenas); y el segundo en Gurus Blog, en este merece la pena leer los comentarios, algunas de cuyas críticas me parecen adecuadas y comparto (otras no tanto):

  • Referencias a algunas fuentes con escasa base científica,o al menos no suficientemente demostrada: el libro “El Secreto”, un experiemento de un científico japonés, la Programación Neurolingüística,etc.
  • Afirma con contundencia principios que inducen a error o pueden parecer contradicciones con el resto de lo que dice, como que en la edad adulta no aprendemos casi nada. Precisamente, debido a la plasticidad cerebral, si nuestro cerebro se encuentra suficientemente activo en la edad adulta, podemos evitar que degenere. Aunque es cierto que aprendemos con más dificultad que de niños.
  • Tendencia determinista, incita a asumir que eres lo que eres, que “a determinada edad” no puedes pretender ser mejor sino asumir con actitud positiva que nunca lo serás.
  • No cita ninguna fuente científica, salvo la “física cuántica” (y no explica en qué puntos), que apoye sus tesis. Y las hay.

Y, finalmente, la fase más importante del aprendizaje para que sea significativo es relacionarlo con lo que ya se sabe o con su aplicación práctica. Yo lo relaciono con las tesis de un gran divulgador científico, como es Eduard Punset, quien también ha dedicado en los últimos tiempos parte de su trabajo a dar a conocer el funcionamiento del cerebro emocional; y sobre todo con las tesis de  Antonio Damasio, prestigioso neurólogo, premio Príncipe de Asturias 2005 y de quien todos lo que hemos estudiado Psicología y afines hemos aprendido. Aquí os dejo un vídeo de ambos, cuya conclusión es:

La fuerza de voluntad es un método para educar a la razón en la búsqueda de la emoción positiva adecuada que pueda reprimir la emoción negativa que nos impide progresar

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